lunes, 7 de julio de 2008

VIDAS COMPLICADAS

Era joven e iba acompañado con dos amigos. Nos citaron a las ocho de la noche en el Club Unión. Me encontraba desesperado pues necesitábamos financiación para poder realizar el primer congreso de la asociación juvenil en la que me encontraba. Cinco personas mayores, con importantes cargos en la sociedad, nos esperaban para escuchar nuestro proyecto. Le entregamos la carpeta donde se explicaba nuestros planes y después uno de ellos nos empezó a filosofar sobre el vivir humano. Quizás a este sujeto le pasó algo que le pasa a todo adulto: intentar ilustrar mentes jóvenes. En palabras confusas nos dijo una frase demasiado abstracta y profunda para nosotros: la vida es simple, el ser humano es la que la complica.

No tenía muchas ganas de filosofar, y si tengo que ser honesto, mi espíritu odiaba la filosofía en ese entonces. Me veía como un futuro medico o ingeniero. Especulaciones metafísicas y existenciales me parecían una perdida de tiempo. Además necesitaba la plata y no tenia otro objetivo en mi mente que conseguir el financiamiento. Fingí un cierto interés, realice uno o dos comentarios inteligentes y después dije: y entonces señores, ¿que le parece nuestro plan de trabajo?, ¿nos apoyan económicamente?

La jornada fue exitosa, logramos recaudar los cuatro millones de guaraníes que nos faltaban. Recordaba aquella reunión con gran satisfacción personal y me jactaba de eso. Pero hoy, siguiendo sociología y ocupando la mayor parte de mis pensamientos en asuntos filosóficos, políticos, psicológicos y sociales, tengo a aquella noche como uno de esos momentos mágicos en mi vida. La comparo como el encuentro de la luz de la ilustración que se le aparece, así nomás, al ser humano, algún día equis de su vida, en su afán de buscar la verdad. Me suena aun esa frase y mientras la escucho más significado la encuentro.

Miro y estudio detalladamente a mi perro. Feliz en su inmundicia. Corriendo por mi patio, cazando pajaritos, moviéndome la cola cuando llego y mirándome con cara sumisa cada vez que como un bocado. Sus únicos lamentos se dan a la noche, sentado en la puerta principal, aullando y raspando el piso, ya que quiere entrar en la casa y no permanecer en el patio.

Observo al gato de mi amada. Comiendo bichos, jugando con hilos que se cuelgan, divagándose cuando mira la pared, saltando de un lugar a otro y ronroneando en mi regazo. Maúlla solamente cuando tiene hambre, cuando quiere que se lo mime o cuando se queda encerrado en alguna habitación del hogar.

Me analizo a mi mismo y como llevo mi pasar diario. Atormentado por sentimientos, buscando mi libertad, redefiniendo constantemente mi pensamiento e intentando todos los días sufrir menos. Pero descubro que no soy el único que pasa por esto. Mis amigos, padres, compañeros de bailongos, todos de cierta manera transitan por un algún camino cósmico lleno de dificultades. El trabajador que sufre por la explotación capitalista, el rico por tener más dinero, el pobre por salir de su trágica situación y el enamorado por el desencuentro o ausencia de su amor. ¿Quien no sufrió por amor? El amor es y será un problema únicamente humano.

Me gustaría creer que los animales sufren los mismos dramas que padecen los seres humanos. Se me viene a la cabeza el libro de George Orwell titulado: “Rebelión en la granja”. Esta fabula nos muestra a unos animales pasando por los mismos berretines universales que el hombre. Cerdos, perros, yeguas, patos, cabras, caballos, etc., todos se presentan organizados en una sociedad, pidiendo libertades laborales, buena repartición del alimento, formando una mentalidad política y buscando el espíritu ilustrado. Lo más simpático de este texto es; que cuando los animales empiezan a actuar como seres humanos, entonces, surge en ellos la traición, la conspiración, el nepotismo y la politiquería mas baja.

Mis observaciones por lo tanto me llevan a la siguiente conclusión: en esta vida el único que sufre es el ser humano. Algunos acotaran que no es así y que a medida que avanza el tiempo se descubre en otros animales los mismos problemas psicológicos, expresados de diferente manera, del ser humano.

La otra vez por ejemplo recuerdo haber visto en la televisión que los norteamericanos tienen psicólogos para perros. No es de extrañar que estos sujetos posean este tipo de idioteces, pero esto creo esto superó todo intento de los yanquis por alcanzar la máxima boludez humana. ¿Psicólogos para perros? ¿Qué tipo de psicología se aplicara en los cachorros? ¿Conductista, gestáltica, del aprendizaje social o quizás psicoanalista? Sin embargo existe un trasfondo en todo esto y es un rasgo de la condición humana que implica lo siguiente: el hombre humaniza las cosas que no tienen humanidad. Observe a su macota, con un nombre humano y con utensilios que están hechos para la utilización del hombre. Ahora recuerdo un ejemplo claro de lo anterior: el perro de un amigo que tenía la característica de comer la comida solo si su amo le daba con tenedor y bien cortada.

El hombre de carne y hueso, ese mismo que nos describe tan bien Miguel de Unamuno, cree, por consiguiente, que las estrellas tienen pasiones, que las galaxias saben amar, que los perros tienen problemas psicológicos y que todo el universo presenta una cierta o lógica humanidad. Sin embargo es el momento justo e indicado para aclarar lo siguiente: problemas y características humanas se pueden encuentra única y exclusivamente en el ser humano. El universo, el mundo, los mares, la naturaleza misma, carecen de total humanidad.

¿Piensa usted que los animales tienen la idea de un Dios, que se preocupan por su muerte, que sufren por amor, que buscan la verdad, la ilustración o algún tipo de iluminación? No, solo en el hombre se da esto, a ellos solo les importa dormir, comer y reproducirse. Nosotros, sin embargo, inventamos las religiones, la idea de un Señor que nos vigila y nos castiga, las fantasías de una vida posterior a esta, conceptos del amor perfecto. Nos complicamos nuestra existencia y, esas complicaciones nos hacen tener un pasar terrenal terriblemente trágico.

¿Por que entonces?, ¿porque nuestra existencia es complicada? Simple, poseemos inteligencia y la inteligencia nos dificulta el vivir. Mientras mas complejo es algo, mas difícil se hacer comprenderlo y llevarlo. Fijémonos entonces en el cerebro humano, de características únicas en la naturaleza, y lo complejo que este es. Estoy de acuerdo que todo es mente y que uno se hace su propia realidad. Bueno si esto es así no es de esperarse que la vida humana sea fácil. El hecho de ser inteligentes nos hace tener problemas muy mayores a otros y lidiar con situaciones adversas. Aquí se ve claramente como algo que en teoría nos hace grandes nos produce una realidad trágica. Realidad trágica hecha y complicada por nosotros mismos, debida a nuestra condición compleja.

El pensamiento, el amor, la libertad, el trabajo, el sexo, los sueños, la muerte, etc., todo es humano. Y si bien lo anterior mente citado son los motores que impulsan nuestro vivir, son también los factores que nos llevan a tener una vida miserable. Pero justamente por eso, por ser los motores de nuestra vida, vale la pena vivir. Eliminemos todo lo anterior y nuestra existencia será igual al de un perro, gato, león o caballo.

Esta es nuestra realidad y debemos de lidiar con ella e intentar encontrarla en su forma más pura. En la libertad de pensamiento, en la verdad atreves de la ilustración, en el trabajo sin alienación, en la idea de morirnos valientemente y sin esperar que esto continúe, en interpretar los sueños como sueños y en amar lo más simple y honestamente posible. Se basa entonces en que todas las cosas que nos complican adquieran su lado más bueno y puro.

Pero conseguir esto no es tarea fácil. Requiere de mucho esfuerzo, constancia y sufrimiento. Tengo un amigo, por ejemplo, que se queja constantemente de su casa, de su madre, de sus novias, de lo mal que le va en la facultad. Sufre y se lamenta todas las noches. Le explico que su pesar esta provocado por el mismo. Si quiere y se propone puede hacer de su vida algo más simple de llevar. Pero no puede, se queda esperando, sentado y llorando sobre su realidad. ¿Quizás espera un milagro? Pero no lo creo, es demasiado inteligente y sabe que los milagros no existen. ¿Posiblemente sea un haragán ocioso? o ¿tal vez le gusta sufrir y lamentarse? Allá el con lo suyo. Cada quien se forja su destino.

Y a no deprimirse hombre, que es lo que nos toca vivir. Viva la vida, busque el amor, la paz, la verdad y el amor. No nos queda otra. Estamos metidos en un camino que termina en la nada, con una realidad trágica, en donde todo logro es efímero y sin ningún significado. Lo único que nos queda es conseguir pequeños triunfos para nosotros mismo y poder llevar esta vida sin lamentación. Estos serán como vasos de agua en el desierto.

La vida humana debe configurarse, desde mi perspectiva de la siguiente manera: la satisfacción personal de haber vivido bien y a nuestra manera.

Salgan afuera, levántense de sus camas, vivan la vida y no se lamenten. Solo el que aguanto y se paro de la mesa sin armar ningún escándalo tiene el derecho de quejarse ante este universo carente de humanidad. Lastimosamente, y discúlpeme por desilusionarle, ese día jamás llegara. Hágalo por usted mismo, por su satisfacción personal. De eso se trata todo esto.

Personalmente mi vida tiene sus puntos buenos y también sus lados negativos. Sin embargo tengo un destino a seguir: los libros de mi biblioteca y extraviarme en ellos, y también, porque no, en el amor. Y para terminar, digo y evoco a la siguiente reflexión: vale la pena estar vivo, no me importa sufrir, no me importa que me exploten laboralmente, mi sufrimiento queda retribuido en las siguientes palabas: te amo.
“Que no venga a estorbar la razón.
El misterio del mundo se puede aclarar.
Es un beso el destino final”

Alejandro Dolina
Lo que me costo el amor de Laura.

sábado, 7 de junio de 2008

VENGANZA

Cierto amigo jugando un día en el casino, compañero de bailongos con hábitos de apostador compulsivo, y, después de haber perdido todo el sueldo de un mes, frustrado rompió la mesa de juego y pegó a tres guardias. Ya demorado y con su cara completamente desfigurada fuimos a preguntarle el porqué de su actuar. En palabras confusas nos dijo que como había perdido todo su sueldo él buscaba una cierta venganza contra los dueños del casino para no irse del lugar con las manos vacías. Lo más simpático de este caso fue que, además de irse con las manos vacías, se fue pelado, a la comisaría y completamente deformado.

En la historia casos como los del anterior se encuentra al dos por tres y, de formas mucho mas estúpidas. En la China Antigua el Hijo del Sol mataba a todos los familiares de los soldados que abandonaban el ejército o que habían traicionado al imperio mudándose al bando bárbaro. Calígula destruyó una hermosa casa en venganza por que su madre había sentido placer en ella. Augusto Cesar sorprendido por un terrible temporal decidió castigar a Neptuno, quitó su estatuilla que se encontraba en el circo romano junto con otras figuras simbólicas de dioses. Ciro mando un ejército completo varios días a vengarse del rio Cindo, a causa del miedo que tuvo al cruzarlo. Emperadores, reyes, hombres modestos y ricos, y hasta la mitología nos muestra a dioses que a causa de pérdida buscan un cierto castigo para calmar sus ánimos. Un ejemplo de lo anterior quizás sea el comienzo de la guerra de Troya; que se desató por la pérdida de Helena. Dioses, mortales y semi-inmortales se han disputado una terrible guerra por sed de venganza de unos cuantos.

Antiguamente las sociedades con una justicia central débil permitían a las familias afectadas aplicar métodos de castigos a aquellos que las habían dañado. En la zona mediterránea, en la época pre-industrial, aparecen las peleas de sangre llevadas a cabo por familias y entre familias. En la época feudal, en el Japón se permitía la venganza o el “katakiuchi” para restablecer el honor del clan del señor. Esto incluía a veces la matanza de los familiares del ofensor. En occidente actualmente existe un sistema legal de castigo social a quien daña o ofende a un grupo o individuo, pero, aun así sigue existiendo en la sociedad una cierta idea de justicia personal vengativa como única salida satisfactoria para el victimario.

La venganza nos presenta, a los seres humanos, una cierta remuneración o revancha a causa de una pérdida o sufrimiento. Consiste entonces, básicamente, en la reprimenda contra una persona o grupo en respuesta a una mala acción percibida. Se intenta que aquel que nos haya dañado no volviera a cometer dicho mal otra vez y que sufra exactamente, o incluso mas, lo que su actuar provoco en nosotros.

Detrás de toda esta fachada se esconde un terrible y fatal secreto. Un viejo refrán chino dice: aquel que busca vengarse debe cavar dos tumbas. Esto ocurre porque el deseo de venganza es más que nada injurioso que reparador. Se sufre, se pasa mal, se busca venganza y después uno se venga, pero, la satisfacción personal, al final, es efímera y trae dos efectos nefastos; lo sufrido o lo perdido nunca se sanará o regresará y, además, el efecto de haber hecho mal a quien nos dañó produce una cadena interminable donde otra vez nos querrán hacer mal. Es como una bola de nieve, que rueda y cada vez se hace más y más grande, pero en este caso se agranda con sufrimientos, maldades, lágrimas y sangre.

La venganza es humana y nos demuestra que el hombre es un animal que tiene este instinto latente en él. El deseo de venganza es una pulsión natural. Es mas, hasta me animo a decir que la vendetta o desquite entra en la categoría de las emociones humanas.

Nunca he escuchado de casos de venganza donde el que se vengó haya terminado bien. Además esta es estúpida porque ciertos actos son irreparables. Puedo entender perfectamente que la historia humana se escriba con dinero, esperma y sangre pero no me logra entrar en la cabeza la idea de que un acto de características malignas retribuya nuestro pesar.

El mal trae mal y, aclaro, que no soy budista, mormón, protestante, new age y de ningún grupo pro amor y paz. Y no soy de los que piensan que la venganza es mala porque mata y envenena el alma, voy más allá de eso. Mi espíritu se opone a ella porque no puedo entender como individuos humanos, que en teoría son racionales, comenten un acto tan irracional y que produce tanto daño al propio ser. Además me refiero no solo al daño físico, si no también, al mental, al emocional, al del espíritu incluso. Tampoco quiero que se mal interprete y se crea que estoy a favor de poner la otra mejilla o que Dios es el único que tiene la potestad de una justicia cósmica justa.

También están los filósofos sociales que aseguran que la venganza coloca en la sociedad una cierta idea de justicia que la mantiene justa. Aquí se nota la falta total de conocimiento de la historia que tienen estos sujetos. La venganza es una pasión humana e históricamente se demostró que toda pasión ha llevado a grandes problemas y catástrofes en las sociedades. Esto sucede porque un elemento irracional se mete en un elemento racional trayendo desorden y caos. La pasión de venganza es irracional y se coloca en la organización social racional de los hombres.

Somos seres racionales, que racionalmente nos hemos organizado en sociedades con leyes y normas que regulan nuestro actuar. El que se porta mal, que reciba el castigo de la justicia legalmente instituida y no el de un ser fuera de sus cabales y de sí mismo. “Que el criminal pague sus deudas con la sociedad". Dejemos este acto animalesco a sociedades primitivas que aun tienen el “ojo por ojo” como ley. No es un pensamiento conservador el que planteo, es un pensamiento racional.

¿Cómo? ¿Que la venganza es lo primero que tiene el hombre para restituir el honor? Pero por favor, esto me suena como el ego dañado de un primate que se ha desarrollado mal en la cama. El honor no existe y es una justificación egoísta que hacen los seres con poca inteligencia para justificar actos totalmente irracionales. Aclaro y se lo advierto que honor no es lo mismo que dignidad.

Pero espere un poco mas, que esta reflexión aun le falta algo para terminar. Nos queda todavía por descubrir el sentido más tenebroso de la venganza. Escondida bajo toda esa supuesta satisfacción; la venganza es una prueba más de la miseria que somos como seres humanos y de que no tenemos potestad de decidir ni cambiar absolutamente nada. Detrás de todo espíritu vengativo se esconde en el hombre un terrible grito de impotencia por no ser amo y señor del desarrollo del devenir. Dolidos, humillados y en las tinieblas el ser busca una reacción, esa reacción es la sed de venganza.

¿Que hacer? ¿Como reaccionar entonces ante un hecho que nos rompe el corazón? Buscar la satisfacción en la justicia de los hombres legalmente constituida. El tiempo lo destruye todo. Destruirá su dolor y también al que lo dañó, quédese por lo menos con esa remuneración. Además su dolor no tiene ningún sentido o importancia en un Universo carente de humanidad. Un maestro mío, Alejandro Dolina, en la contratapa de su libro, “El Bar Del Infierno”, puso: “expresados en fórmulas, los episodios mas dramáticos de nuestra vida son irremediablemente banales”.

A la venganza, generalmente, la relaciono como el intento de los hombres que buscan su inmortalidad. Peleas y conflictos contra algo que no se puede y nunca se podrá vencer. La búsqueda de la inmortalidad es la inútil batalla del ser contra la muerte. Y la venganza es la lucha del hombre contra los actos desfavorables a él que son completamente irreversibles.

Para Montaigne el acto de ajuste de cuentas es muy parecido al de las bestias que en su cólera muerden la piedra que las ha lastimado del mal que sienten. Vengarse es como pegar en vano, al aire.

Vénguese de alguien que lo ha dañado a usted o a un ser querido. Lo desafío y se lo aseguro, que la culminación de su venganza no traerá de nuevo el tiempo atrás para evitar tal o cual acción. Ya sufrió, ya perdió; busque la justicia de su sociedad. Vénguese hombre, que espera…

Si yo tuviera que vengarme de alguien me vengaría del que creó todo esto. Ese mismo que programó el Universo, el mundo, el calor, el frio, una vida miserable y efímera, la muerte, el desencuentro y también la impotencia que sufre la especie humana. Me vengaría de la misma forma que él: lo condenaría a pasar una vida, una sola. Que sufra, que se enamore, que conozca el desencuentro y el amor en sus formas mas puras que, de hecho, son las mas dañinas. Dudo poder vengarme, ya que estoy seguro que dicho sujeto jamás existió.

¿Quizás nuestro pasaje terrenal sea una venganza cósmica? O tal vez nuestros destinos sean todos iguales, nuestra existencia un conjunto de acontecimientos ocasionales y nunca tuvimos, ni tendremos, tiempo de ser nadie.
Nuestros antepasados nos cuentan una historia,
de mismo contenido, desenlace y término,
los hombres nos hemos tratado como escoria,
sangre, asesinatos y sufrimientos giran en este infierno.

Por un supuesto y falso honor nos hemos matado,
ya hemos sufrido lo suficiente,
quizás sea hora de calmar este peligroso estado,
y volver a recuperar los cabales de nuestra mente.

Nos hemos matado los unos a los otros,
pasiones y espíritus exacerbados.
¿Algún día reinara la racionalidad entre nosotros?
¿Que ganamos con la sangre derramada en ambos lados?

viernes, 29 de febrero de 2008

OCIOSIDAD

Una vez mas, después de mucho tiempo, y por razones que en este momento no logro recordarlas, o las omito debido a la poca importancia que estas tienen, la vez pasada agarré el libro de Niezsche que se titula “Así hablaba Zaratustra” y de cierta forma, después de leer unos textos, tuve una inesperada inspiración que generó una reflexión y luego una crítica sobre el ocio. El ocio es un mal social que se encuentra tan metido y vendido en nuestras vidas que le vemos, hoy en día, como algo fundamental y necesario para poder vivir.

Todos los hombres, después de un dramático proceso de definición, nos establecemos una única y principal meta en nuestra vida que, a su vez, es una condición fundamental que nos hace seres humanos. Mientras que esta meta no se defina o no se logre establecer nuestra humanidad carece de razón y no somos seres. Efectivamente las metas van cambiando; así se establece, por ejemplo, un objetivo principal cuando se es joven, terminar el colegio, otro cuando se es adulto, formar una familia, pero siempre estas en su momento son las principales y las que dan el sentido a nuestra existencia. Todo nuestro trabajo y nuestros esfuerzos deben de estar dirigidos a cumplir este fin principal definido por nosotros. Y no se crea, se lo pido por favor, que la realización de esta meta es cosa fácil, todo lo contrario. Un duro y esforzado trabajo tendrá que realizar para sobrellevar cargas pesadas, resultados adversos y muchas otras dificultades de la lucha diaria.

Sin embargo el hombre es un animal que tiene muchas trabas que dificultan su existencia. Nos dejamos estar, evitamos el esfuerzo, buscamos el camino más corto y sencillo y nos extraviamos fácilmente. Ahora recién, y después de mucho tiempo de haber errado en solitario, pude comprender, desde mi trágica condición, que el causante de todas estas dificultades no es la naturaleza humana sino un mal impuesto por la sociedad denominado: ocio.

Defínase entonces al ocio como el tiempo libre sin acción que se dedica al descanso. En pocas palabras defino a la ociosidad como el estado en el que se encuentra el espíritu humano en donde impera una falta total de actividad y, si existe actividad esta es totalmente inútil e improductiva. Y aquí, en su propia definición, radica el principal problema del ocio: nuestro espíritu a falta de algo importante se fija o se ocupa en falsas cosas que carecen de valor. Véase esto, por ejemplo, en el enfermo que obligado a un descanso, debido a su enfermedad, se preocupa en reprochar su mal, acto que carece de sentido, y en imaginarse situaciones lejanas a la razón, traduzca esto como los sueños que posee un enfermo.

El espíritu así pierde su sentido o su contacto con la realidad y termina extraviándose. Aparecen entonces una serie de consecuencias nefastas para nosotros: se establecen no una sino mil metas a realizarse, se vive de la imaginación y por ende en un mundo de fantasías, no se frenan nuestros impulsos, se evita el trabajo y el esfuerzo, y se quiere estar en muchas partes pero al final no se está en ninguna, entiéndase esto también como querer hacer muchas cosas y no hacer nada. Así nuestro espíritu se escapa sin control en un extenso campo de fantasías. Lentamente vamos perdiendo nuestro brillo o potencial debido a los pensamientos diversos que imperan en nosotros.

Michel de Montaigne en sus ensayos trata al ocio queriendo explicar el terrible mal que este implica. El pone el ejemplo de un campo que no ha sido cultivado, este es fértil y tiene mucho potencial. Sin embargo si se deja a la deriva y no se lo cuida después de un tiempo saldrán mil clases de plantas silvestres y totalmente inútiles. El resultado final de esto es una tierra sin uso y fuera de nuestro servicio. Particularmente también he elaborado un ejemplo con respecto a este tema: recuerdo que en épocas del colegio teníamos un examen que consistía en trotar alrededor de una cancha de fútbol. Contábamos con quince minutos para realizar ocho vueltas sobre el área determinada. Se requería entonces de velocidad, resistencia y determinación. Todos los compañeros pensábamos que era una tarea fácil, pero, al llegar a la vuelta tres o cuatro nuestros cuerpos clamaban agua y un reposo que acabe con su terrible falta de entrenamiento. Aquellos que han entrenado y se esforzaron duramente realizaban el examen sin ton ni son ya que tenían a sus músculos con la disciplina necesaria para soportar la dura realidad que implicaba esta prueba.

De la misma manera los hombres deben de someterse a una cierta disciplina o regla que rija nuestra existencia. Al decir regla no me refiero a un sistema de norma moral ni ético, si no, a un orden que no nos permita caer en el caos y ponga nuestras miradas y esfuerzos hacia un único y principal fin. De esta forma nos mantendremos conectados con la realidad, frenaremos nuestros impulsos y a través del trabajo ganaremos las virtudes de constancia y moderación. Constancia que debe de aplicarse para soportar con ánimo los inconvenientes irremediables y las situaciones adversas y la moderación para que nuestras virtudes no caigan en el exceso, la degeneración y la corrupción.

No digo que el reposo sea algo malo, pero el hecho de descansar no implica que no hagamos nada. Después de un día agotador puede descansar leyendo un libro, pero no, juegue un juego, salga con sus amigos a tomar cerveza y emborracharse o duerma más de ocho horas. Ese es el descanso que nos venden. ¿Usted logra vislumbrar un grave problema? Por todas partes nos dicen que el ocio es bueno, que es necesario e importante para no estresarnos. Pero entérese que detrás de toda esta propaganda pro ocio se esconde todo un pensamiento y estilo de vida que implica no pensar y alejarnos cada vez mas de la reflexión. Es el sistema que nos induce a descansar sin hacer actividad alguna, a no pensar en nada importante y a vivir en un mundo de fantasías y de imaginación alejados de toda realidad. Mientras tanto la verdad es totalmente otra cosa: las injusticias se agravan, las utopías crecen, los incultos se reproducen y unos pocos aplican la ley de los menos en las masas. Pero nosotros estamos ociosos, con los ojos tapados y vegetando en nuestra inmundicia hecha de material de sueños.

Al fin y al cabo poco importa si no se fija en su alrededor o entorno social, no todos están hechos para mirar a su costado. Pero fíjese en usted mismo, y le puedo asegurar que su vida sería otra o mucho mejor si no ha recurrido al descanso inútil y sin producción efectiva. Sabio fue aquel que dijo que la vida es una obra en constante construcción y que todos los días y en todos los momentos, incluso mientras que dormimos, se debe de trabajar por auto realizarnos y llevar a la realidad nuestro plan de vida.

Cuando se está perdido y uno no se encuentra a si mismo, consecuencia del ocio, aparecen otros problemas, mucho mas graves, como: la drogadicción, el desempleo, la ignorancia, las locuras, los conflictos sociales y los suicidios. Todos son productos, en muchas ocasiones, de un ocio llevado al extremo. Quizás esto pase porque las personas llegan a un punto en el que están tan vacías, descontroladas y dispersas que ya no se encuentran desesperadas, si no, desesperanzadas.

Ordenar el desorden, efecto de la ociosidad, es mucho más difícil que desordenar una vida ordenada. Además, aquellos ociosos que quieren dejar de serlo, tendrán que trabajar el doble: primero para recuperarse y salir del pozo y luego para seguir con el camino interrumpido. Dura tarea para personas que han perdido el hábito del trabajo, del sacrificio y del esfuerzo.

Personalmente, yo también he sufrido los males del ocio. Por un tiempo mi mente se dispersó, mis caminos se bifurcaron y mis fantasías e impulsos me llevaron a querer hacer muchas cosas y no lograr realizar nada importante. Estuve así por más de dos años y aun hoy padezco los males y las consecuencias de mi ociosidad. Puedo citar haraganerías, sueños irreales, impulsos extraños, caminos perdidos y extravagancias sin sentido. Lo que mas me entristece es que en ese tiempo pude haber hecho algo importante, pero no lo hice y estoy acá luchando con males nefastos, más viejo y frustrado por el tiempo y los objetivos que no se recuperan. Espero poder mirar un día atrás y que mi espíritu se avergüence aun más de las quimeras monstruosas que engendró mi ánimo.

jueves, 31 de enero de 2008

DEJÁ QUE INVITO YO

El capitalismo, tanto primitivo como moderno, cambió la forma que el ser humano, antes ubicado en un sistema feudal, tenía del dinero. Nuestros tiempos nos han impuesto que la única preocupación es como llegar a fin de mes. En pocas palabras podría asegurar que nuestras vidas giran alrededor del verde.

Usted vislumbrará un error de término en el párrafo anterior ya que puse verde y no dinero. Pero cuando le hablo de plata, el señor lector de mis obtusas ideas, piensa en el dólar. Cuando le pido que me lo identifique con un sonido me lo relaciona con las cajas de los supermercados que se abren y se cierran. El color del dinero es verde, escapando así de las diferentes tonalidades que poseen nuestras monedas locales. Existe todo un modelo de pensamiento que tenemos los seres humanos hoy en día sobre el dinero.

Todo esto se refleja en el gasto desmedido e innecesario que hacemos cuando vamos de compras. Existen productos que solo un demente podría comprarlos, sin embargo, nosotros los tenemos en nuestros hogares. Al igual que las vestimentas, otro gran ejemplo, las personas dejaron de comprar ropas para vestirse. Ahora en lo único que se piensa cuando se adquiere una prenda es si está de moda o no, si tiene la amiga de los bailongos o no, al final, pero muy al final, parece que el comprador se da cuenta que esa camisa que adquiere es para cubrir su cuerpo, es decir, para vestirse. Se gasta por gastar e incluso hoy se ven numerosos casos donde el que más gasta más respetado se hace en la sociedad, algunos llegan al punto de ser considerados modelos a seguir.

Del trabajo de todos los días el dinero se desprende. Pero hoy no se trabaja para auto realizarse o sentirse útil en algo. Se trabaja única y exclusivamente para ganar la mosca. Lo mas simpático de todo es que probablemente ni se disfrute del salario ganado con el sudor de la frente, debido a que nuestras sociedades nos hacen gastar en cosas sin sentido, cosas que hoy en día se ven como necesidades.

Cada vez menos tenemos la oportunidad de apreciar a personas, pocas personas en realidad y entre las que se incluye este mediocre pensador, que ven a la plata como algo necesario pero NO FUNDAMENTAL. Maquiavelo en su libro "El Príncipe " nos expresa que el hombre que es preso de su fortuna, además de ser un necio es un inmaduro; ya que el dinero va y viene. Aquí lo necesario es darse cuenta que existen cosas más importantes que el billete, no ser presos de él, porque si caemos en su dependencia dejaremos de de ser libres. Si libres, escucho bien, esa libertad por la que tanto hemos luchamos y de la que tanto hemos hablado.

No reniego al dinero, claro está que este ayuda. Pero en mi humilde cabeza no entra la idea que en lo único que se deba pensar sea en él. Hace nuestras vidas más cómodas y relajadas, lo admito con despecho, pero así también se de varios casos de conocidos que con sus respectivas familias entraron en una pobreza absoluta e igual fueron felices. El dinero es una herramienta, es una posibilidad, también una necesidad, pero no lo es todo, hay cosas en la vida mucho más importantes que los papelillos de colores verdes.

Quizás todos algún día tengamos que pasar por la necesidad económica, para aprender de ella y también para valorar lo que tenemos en nuestro alrededor.

Existen prácticas, costumbres y frases del dinero que actualmente son muy comunes de ver y hacer. Se le ve a la riqueza como un fin, como algo necesario para que la persona sea feliz, mientras que yo la veo como una oportunidad de saldar cuentas y sueños pendientes, como así también de tener una preocupación menos en la vida. De las frases que escuchamos todos los días, quizás la que mas odie sea: "bancame y luego cuando la situación esté mejor hablamos ", deberíamos dejar de decir dicha oración como también ir rechazando cuando nos dicen esto, ya que esta frase lentamente se va convirtiendo en un hábito.

La que más me gusta es: " dejá que invito yo " Me agrada decir como también me place que me lo digan. Esta expresión denota una gran generosidad y no significa otra cosa más que: "no me importa el dinero, me importa estar con tu presencia, con tu compañía, el dinero va y viene… las personas estimadas o queridas no " Es como decir: "siempre que pueda te banco porque me preocupo por tu bienestar". Esta frase pareciera como algo bueno o lo único civilizado en todo este capitalismo salvaje que nos toca vivir hoy en día.