domingo, 24 de octubre de 2010

ILUSIO (PRIMERA PARTE)

Hacía frio y caminaba sin rumbo fijo. Antes de encontrarme con aquel vago, ese sujeto que ya le contaré quien fue, no recuerdo mucho. Mis pasos se daban solos, prendía un cigarrillo apenas se me acababa uno, y una que otra lagrima se me caía de vez en cuando. Todo fue por culpa de ella, no te amo más me dijo y se fue para siempre. Pensé que regresaría, pero jamás volvió. Ante su ausencia decidí realizar lo peor que pude haber hecho, llorar y suplicar su perdón. Me miró y me dijo: no te amo mas, no insistas, y otra cosa, ahora sos mío para toda la vida. La existencia hay veces se nos presenta en elementos que salen fuera de toda lógica y razón. El amor, quizás, sea uno de ellos. Los seres más racionales y poderosos han caído en el fuego iracundo de sus llamas. Suicidios e imperios como destinos devastados son tan solo unos pocos ejemplos.

Fue así como me encontré con aquel sujeto. No le presté mucha atención, circulan muchos hombres como estos hoy en día por la ciudad de Asunción.

- ¿Oiga señor que le pasa? – me preguntó.

- Tranquilo no tengo plata, tome este teléfono pero le aviso que no vale mucho. Quizás le servirá para unos cuantos tragos – le contesté. Apenas logre ver su rostro, me pareció muy familiar.

- Espere un poco, no soy lo que usted piensa. Tengo mucho dinero. De hecho, a la mañana dirijo una de las más grandes multinacionales que invierten en el pais. A la noche me pongo mis harapos y salgo a mendigar y recorrer los barrios marginales.

- ¿Pero porque hace tal cosa? - le repliqué.

- Entienda que soy de los que piensan que la base de toda riqueza se encuentra en los orígenes de uno. Mis orígenes están aquí. Mi realidad fue muy diferente a la que es ahora, era muy pobre de niño y la cena como un techo en invierno no eran algo seguro. Ya de joven fui el único que quiso terminar de estudiar. Conseguí una beca por mi buen desempeño escolar y así fui escalando hasta llegar a ser lo que soy hoy.

- Hable claro por favor, soy muy lento de pensamiento. Cuénteme porque hace esto pero con palabras específicas.

- No confió para nada en la vida. Creo que a medida que vamos avanzando, esta nos va tejiendo trampas infernales que nos hacen creer que todo tiene algún tipo de sentido cuando que en realidad no lo es y nunca fue así. Mi existencia se encuentra marcada por la fortuna y la abundancia pero desconfió de esta realidad en la que me encuentro inmerso. Por eso estoy aquí, no es por motivos de humildad, es más que nada por motivos existenciales, soy rico y lo sé, pero no por eso creo que mi destino final trágico haya cambiado. Esta es mi manera o forma de expresión en la que me aseguro de acordarme diariamente que todo es pasajero, sin sentido ni lógica. Hay personas que creen encontrar una razón a todo esto solo por estar enamorados, por ser jóvenes o por poseer abundantes bienes materiales. Pobres diablos, todas las manifestaciones que podríamos encontrar son engaños macabros que nos hacen jugar un juego de esperanzas y desilusiones.

- Creo poder entender. Existen personas que ganan la lotería y festejan matando a un chivo, otros sufren la pérdida de un ser querido y organizan una fiesta. Ante una realidad existen diferentes manifestaciones. Su situacion es trágica pues usted ha dado un sentido trágico a su vida. Su forma de no perder esa llama que ha encendido es hacer lo que realiza todas las noches. ¿Estoy en lo correcto?

- Si señor lo está. Aunque me gustaría aclararle unas cuantas cosas.

- No gracias, ya creo haber entendido. Usted está loco.

- ¿Cómo? ¿Qué me ha dicho? ¿Loco?

- Y si, solo un loco haría algo semejante.

- Si yo soy un loco usted es un tonto. Me ha dicho antes que es corto de pensamiento. Pero no se lo creo. Existen personas, pocas en realidad, que comprendan tan rápido lo que hago por las noches como usted lo ha hecho. Usted no es un tonto y yo no soy un loco.

- Bueno, está bien se lo creo. Pero, ¿porque no escribe un libro en vez de hacer estas cosas tan anormales por las noches?

- Porque no todo el mundo está listo para comprender lo que yo creo haber comprendido. Si mis ideas las plasmo en medios de comunicación masivos, como los libros, padeceré lo mismos males y prejuicios que han sufrido otros hombres adelantados en pensamiento como yo, Galio Galilei por ejemplo. Solo que a mí no me encerrarán ni me torturarán. Hoy en día los métodos de castigos son más sutiles y efectivos. Imagínese que un día me parara en la plaza Italia y grite a los cuatro vientos: señores nuestras vidas son un juego misterioso en donde ganar o perder conducen igual mente hacia la nada, donde todo acto carece de significancia, estamos solos en este Universo y no importamos a nadie ni nada y no poseemos ningún fin ni razón superior, o inferior, de ser. Que me diría usted, que estoy loco. Seguro que sí, ya me lo dijo de hecho. Hoy en día la sociedad ya no castiga con rudeza, si existe un elemento discordante que la disturba lo aísla y lo desacredita calificándolo de enfermo mental.

- Entiendo. Pero aunque sus palabras me sean conocidas y pueda hasta comprenderlas, le quiero decir que todo lo que usted me ha dicho no me lo ha explicado. Muy lindo, pero, ¿en donde están sus fundamentos?

- Empecemos a caminar hombre y no nos detengamos. Usted manténgase en la luz y yo en la sombra. Le explicaré absolutamente todo lo que he afirmado. Me baso en el pensamiento de un individuo contradictorio, tímido y lleno de dramas. Su nombre se lo diré al final, le sorprenderá saber quién es. ¡Empecemos!

viernes, 18 de junio de 2010

SOCIEDAD Y DEPORTE


Dentro del periodismo deportivo, como así también algunos hombres que ejercen el análisis político/social, durante un buen tiempo atrás nos intentan reflejar la idea que se basa en “la relación existente entre el desempeño de un país en los deportes con respecto a su situación como sociedad”. Me gustaría analizar este pensamiento y encontrar una verdadera y fundamentada unión entre ambas realidades.

Nos encontramos, antes que nada, en un año mundialista, y el Paraguay por cuarta vez consecutiva clasifica a la más alta competición del deporte del balompié. Desde el Mundial de Francia 1998 hasta el que se realiza en Sudáfrica este presente año, los paraguayos tenemos el lujo y el orgullo de estar entre las 32 mejores selecciones de futbol de todo el mundo. Es más, si analizamos los ranking F.I.F.A., la participación en mundiales posteriores, los niveles alcanzados en las clasificaciones sudamericanas y, otros desempeños en competencias internacionales, no nos sorprenderíamos que la Selección Nacional de Futbol se encuentre posicionada entre las 15 mejores de la tierra y dentro de las 5 mejores de todo el continente americano.

Siguiendo el pensamiento de “correlación deportiva con realidad social”, es de esperarse, por lo tanto, altos niveles de desarrollo socio-político-económico en nuestro país. Pero la realidad es otra, el Paraguay se encuentra entre las 10 naciones más corruptas del mundo, con niveles de confianza hacia su democracia de 0.25 puntos, donde el Estado más confiable democráticamente tiene 4.8, y con un índice de desarrollo humano en el puesto Nº 95, siendo este uno de los más bajos en Latinoamérica.

Si miramos atrás en el tiempo, esta pseuda relación no tiene fundamentos. En las Olimpiadas realizadas en Alemania en el año 1936, los nazis organizaban un extraordinario evento bajo la sangre, la persecución y todos los males de una de las mayores atrocidades ocurridas en la historia de la humanidad. Argentina en 1978 alza orgullosa su primera copa mundial, pero detrás de eso, existían, y existen aun, desaparecidos, madres sufriendo y toda una sociedad aterrorizada por una cruel dictadura militar.

Es totalmente infundamentada esta unión que nos quieren hacer creer.

Antes que nada, aclaro que me encantaría que el Paraguay gane su mundial. Sin embargo, si me diesen a elegir, preferiría estar viviendo en una nación desarrollada, con altos niveles de educación, con bajos índices de pobreza y con una enorme expectativa de alcanzar logros dentro de la sociedad, donde todos tengamos las mismas oportunidades.

¿Cuál es entonces el significado que podemos encontrar entre el deporte y la sociedad? Desde mi punto de vista existe un elemento que podemos rescatar, que es el de la unión. Es ahí, en esos 90 minutos que juega la selección, por ejemplo, donde todos nos juntamos y olvidamos por un momento, nuestras ideologías, nuestras clases, nuestras disputas, nuestras realidades y nuestras religiones. En la vida muy pocas veces, o casi nunca, pasa esto, por lo tanto señoras y señores, celebremos y disfrutemos la pasión de estar unidos fuera de toda diferencia existente.