miércoles, 26 de diciembre de 2007

EL DESCENSO A LOS INFIERNOS

He escuchado más de mil veces, amenazas de todo tipo, los tormentos y angustias que nos esperan si hemos llevado una vida terrenal impía, sucia y corrupta. Todos aquellos seres que hemos violado la ley de la dominación terminaremos en el infierno. Para ser sincero debo admitir que me causa cierta repulsión la idea de un sufrimiento póstumo de tan grotescas características. Los verdaderos seres humanos no sufren después de muertos, si no, lo hacen en esta vida. El infierno no es una realidad futura, el infierno es el hoy y se padece aquí y ahora.

Antes que nada, paisano temeroso de su futuro, definamos las clases de personas que podemos llegar a encontrar en esta vida; los hombres ilustrados y los moralistas. Le ruego, desde ya, que no crea que se salva de esta clasificación, todos estamos en ella. Y si su persona tiene alguna duda sobre mi tajante sentencia espere y lea esta mediocre reflexión.

Existe un masivo número de individuos, simplemente para no decir casi todos, a los que mi humilde y complicada persona les llama: los hombres moralistas. Son aquellos que han elegido el camino fácil, que han seguido trazos ya establecidos y que nunca se han hecho valer por si mismos. Llegaron a la encrucijada de sus vidas, pero no tomaron el camino correcto, sabiendo que era el adecuado, ya que este es muy difícil y requiere de mucho esfuerzo. Así se unieron a la enorme fila compuesta de seres humanos que han decidido vegetar y no vivir como tal.

Esta calaña de vegetales son los que castigaron a Galileo Galilei por desafiar la teoría geocéntrica de Aristóteles. Son aquellos que condenaron a Zeppelín por su intento de hacer volar un aparato de transporte aéreo masivo. Y que decir de los tormentos sufridos por muchos hombres que han decidido mirar un poco más alto, desafiar la autoridad represiva e intentar hacer las cosas correctamente. Son los mismos que causaron el atraso intelectual de la edad media, los que nos hicieron tener cosmovisiones equivocadas, conceptos errados, los que afirmaron en el S.XIX que la física llegó a la perfección y los que nos han vendido millones de mentiras disfrazadas de verdades absolutas e indiscutibles.

Sepamos desde un principio que son mayoría, que nos dominan o nos intentan dominar con algo que se llama sistema: religión, política, sociedad, formas de vida y expresión. ¿Porque están allá arriba?, ¿Por que son los que deciden nuestros destinos? Escuche bien lo que le diré y sepa de una vez por todas que el ser humano común se deja estar, desea descansar, no quiere el sacrificio, reniega la tristeza, evita la muerte y busca siempre lo más fácil. Si se cumplen las leyes ciegamente, si no se protesta ante algo injusto, si no se reflexiona y se descansa la conciencia, la salud y el trabajo al párroco del barrio, al médico de la abuela y al jefe explotador capitalista; se estará mejor pues se evita pensar y, por consiguiente, sufrir. Esta es la actitud de las masas que no es otra cosa más que el camino o el sendero que nos conduce a convertirnos en hombres moralistas.

¿Por que les llamo hombres moralistas? Porque aquel que no ha podido cumplir su sueño se frustra y el que se frustra no le queda otra que convertirse en un ser moral. La moral, como se nos vende y se nos enseña, es la máxima forma que tienen los dominadores de ejercer represión, censura y atraso en el ser humano. Esta coloca en una posición cómoda a aquellos que la toman como forma de vida, pues, es como sentarse y juzgar que esta bien y mal en el comportamiento ajeno. Desde chicos nuestros padres, quiero confiar que lo hacen inconscientemente, nos cuartan todo tipo de actitud que exalte y libere nuestro espíritu. En el colegio y en la universidad peor aun, ya que aquí se termina definitivamente con la crítica y el discernimiento de la persona. Todo esto se justifica con argumentos que exponen la maldad o la bondad de las cosas. ¡Que estupidez! Pero sepa, y se lo advierto, que mientras usted se adapte a la forma de vida de otros su persona será considerada buena, ahora bien, prepárese para las acusaciones y amenazas que recibirá si por esas casualidades del destino pensó de manera diferente al resto.

El bien y el mal, por Dios y todas las cosas que no creo. No se engañe paisano, no existe todo esto. Sartre, sabio e inteligente, puso el ejemplo del artesano para explicar la inexistencia de lo moral: el hombre no fue creado por nadie, por lo tanto, nunca se nos estableció pautas o reglas. A diferencia de un artesano que realiza una estatuilla y decide que esta bien y mal en ella. En el ser humano esto no existe. Jamás nos han dicho que cosas son las correctas.

Guárdese bien esta afirmación: “la moralidad solo sirve para mantener la mentira, el sistema y el poder de los poderosos”.

Pero no se exalte, espere y sea paciente que aun falta lo mejor. Hagamos un pequeño paréntesis y déjeme explicarle las características y definiciones del hombre ilustrado. A esta clasificación la denominé hombres de la ilustración por el texto que escribió el filósofo Emmanuel Kant que lo llamó: ¿Que es la ilustración?

Así el pensador prusiano define a la ilustración como el hecho de emanciparse del tutelaje de otros. Pensar libremente, hacer las cosas por uno mismo y no dejarnos enseñar por ajenos. En pocas palabras la define como la salida del hombre de la minoría de edad. Es una exaltación a romper las cadenas de la opresión, dejar de estar arrodillados como fieles sirvientes y levantarnos para poder dar el primer gran paso y lograr la libertad. ¿Que es la libertad? La libertad es la capacidad de los seres racionales para determinarse a obrar según leyes que son dadas por su propia razón.

Muchos poetas y personajes enamorados de utopías confundirán mi denominación con el término librepensadores. Pero esta palabra, desde mi punto de vista, está mal porque es una redundancia de términos: si se piensa se es libre y me refiero a la libertad que va mas allá de las limitaciones físicas.

El hombre ilustrado es aquel que a pesar de todo pensó por el mismo, se estableció y se definió a través de su razón. Todos tenemos amigos y quizás la mayoría de ellos sean de la clase moralista y a nosotros, los amantes de la sabiduría, nos señalan y nos acusan pero igual seguimos nuestra propia senda. Nadie marca nuestros pasos y nuestra única guía es la razón y la humildad. ¿Porque una persona ilustrada que posee el espíritu exaltado es humilde? Por el simple hecho que sabemos que nunca se terminará de conocer todo y la humildad implica decir: somos eternos aprendices. ¿No es acaso esta la máxima expresión de mentes abiertas y predispuestas al dialogo y la discusión? No se quien es el individuo que todo lo sabe, si es que existe tal cosa, lo único que puedo decir es que no es humano.

Los que viven, los que sueñan y los únicos que pueden reclamar algo a esta vida injusta son los hombres ilustrados. Cumplen y hacen honor a la denominación de ser humano. Viven porque cultivan en su espíritu el pensamiento y el modo de vida del filósofo: amor a la sabiduría y buscar la verdad sin recompensas y sabiendo que este camino es de sufrimiento, melancolía y dolor. Vivir es buscar la verdad, buscar la verdad es sufrir y sufrir, por lo tanto, es vivir. Schopenhauer tenía, tuvo y tendrá razón.

Pasemos al siguiente paso y hagamos el intento de comprender cual es el fin último de estos individuos que tienen como bandera a la moral. ¿Por que causan este retraso intelectual y no permiten que la humanidad avance o se desarrolle? Quizás para responder el comportamiento de tan nefastos sujetos deberíamos citar los principios de “reconocimiento del otro en uno mismo” de Tzvetan Todorov y “la dialéctica amo/esclavo” de Hegel.

La primera norma de comportamiento nos explica que los seres humanos se reconocen como tal cuando encuentran características del otro dentro de uno mismo. Tzvetan Todorov en su libro “La conquista de América, el problema del otro” nos deja bien en claro el descubrimiento que el yo hace del otro. Uno puede descubrir a los otros en uno mismo, darse cuenta de que no somos sustancias homogéneas, y radicalmente extraña a todo lo que no es uno mismo: yo es otro. El reconocimiento aquí se da por rasgos y caracteres iguales. La persona que miente, por citar un ejemplo, reconoce al mentiroso, pues en el comportamiento del observado el que observa puede ver similitudes y concordancias en su propio ser. Lo mismo ocurre con los hombres moralistas, que se identifican y se aceptan entre si.

Ahora bien, que ocurre cuando no existen coincidencias entre dos potencias, aquí se explica la actitud de los seres morales y la mejor forma de hacerlo es citar la famosa dialéctica del amo/esclavo de Hegel. Para entenderla se debe partir de un elemento clave: Lo humano se funda en “el reconocimiento”. Después de un proceso dramático y sumamente complejo el hombre llega a la conclusión que es valioso. Uno mismo se reconoce como algo que posee valor. Pero la persona no es un ser humano, no tiene el reconocimiento de los demás, por ende es un elemento pasivo y no existe. Su propia naturaleza que le lleva a buscar su humanidad hace que pida la aprobación de su condición valiosa a los demás. Pero los otros, que también buscan lo mismo, no dan dicho reconocimiento y se genera la lucha a muerte u oposición entre contrarios. Aquí surge el movimiento, el choque o la existencia. Del resultado de esta pelea por el reconocimiento entre personas se produce la realidad o síntesis. Hegel nos dice que en la batalla uno de los opuestos tuvo miedo a la muerte, entonces hizo que pierda y renuncie a su reconocimiento para dárselo a su contrario. Este pensador establece que “el origen de lo humano” se origina de esta forma. El individuo se hace ser humano gracias al reconocimiento que va recibiendo.

Llevemos todos estos conceptos a nuestra reflexión y tratemos de unirlos para poder entender la forma de acción de los hombres moralistas. Prácticamente todos adquieren esta forma de comportamiento, la del hombre moral, y entre ellos se reconocen como tal, el descubrimiento del yo en otro. Mientras que esto ocurra todo esta en un supuesto orden. Pero, por otro lado, están los hombres ilustrados, personajes que han decidido vivir verdaderamente como seres humanos. Los ilustrados son minoría y entonces se produce la batalla entre los moralistas y aquellos que han exaltado su espíritu, dialéctica hegeliana. ¿Cual es la causa?; que ninguno de los dos lados puede encontrar características del otro dentro suyo y no se aceptan y reconocen entre si.

Efectivamente los que vegetan ganan, aparentemente, esta contienda y terminan aplicando la doctrina del terror, la difamación y el castigo social. Nos acechan con advertencias y nos atemorizan con amenazas. Entonces, el segundo paso es imponer millones de reglas de lo que está bien y mal pero desde el punto de vista del dominador. “No pienses, solo sigue ordenes”. Aquel que se atreva a pensar de manera diferente será difamado y sufrirá los azotes y tormentos del sistema represor.

Para nosotros, los que nos encontramos hacia el ideal del superhombre, la vida es injusta porque nuestra realidad de todos los días está diseñada por animales con máscaras humanas. Pecamos para ellos por el simple motivo de no aceptar ser guiados por nadie. Nuestros actos son juzgados como sucios, impíos y corruptos. Bueno, al fin y al cabo quienes son ellos para criticarnos si nunca han pasado por la experiencia de vivir. Seres acrónicos, eso es lo que somos. Estamos fuera de todo tiempo, pensamiento y realidad, y siempre lo estaremos. Nunca nos adaptaremos a la idiosincrasia de las masas, por eso es que nuestro tiempo es el pasado mañana. Que sigan con sus fantasías religiosas, políticas y sociales.

Por todo esto digo que he descendido a los infiernos y, como el Dante, descenderé aun mas. No necesite morir para conocerlo. Los moralistas me impiden buscar la verdad, complican mi existencia e intentan trabar mis ansias de sabiduría. ¿Puede existir un sufrimiento más grande que este para una persona que busca la ilustración? Pero mi espíritu no se detiene, esta retemplado, y mientras sufro cada vez más, este, se exalta y se eleva como un rayo en la tormenta que trae orden y luz en la oscuridad.

No se engañe alma sufrida no nos han ganado la batalla, nosotros seguimos y seguiremos ahí. Somos los portadores de la vida y tenemos el arma más poderosa de todas: el silencio. Exaltemos el espíritu. Sintamos el sufrimiento que es lo que nos permite estar vivos y lo que nos llevará a la metamorfosis nietzscheana: camello (soportar el dolor y el sufrimiento), león (elevarnos y cambiar nuestra realidad) y niño (renacer como superhombre).

Por ultimo déjeme contarle algo: cada vez que llueve salgo afuera y admiro el cielo nublado sin ninguna estrella. En cada rayo, en cada relámpago y en cada viento puedo ver los ojos de mis maestros: Sartre, Unamuno, Niezsche, Dolina, Spinoza, Rousseu, Voltaire, Goethe, Dante y Schopenhauer. Ojos que emanan una luz tan viva, una vivacidad que casi no se encuentra en los que en teoría viven, que no son más que sombras. Después de ver sus miradas levanto los brazos y se me vienen las palabras de Kant: “Los tutores han mostrado a sus domesticadas criaturas el riesgo que las amenaza si intentan marchar solas. Lo cierto es que ese riesgo no es tan grande, pues después de algunas caídas habrían aprendido a caminar; pero los ejemplos de esos accidentes por lo común producen timidez y espanto, y alejan todo ulterior intento de rehacer. ¡Atrévete a saber, ten el coraje de conocer tu propia razón!” Así me cargo de energía y me hace soñar que quizás, algún día, encontraré la puerta que me haga salir de esta vida infernal.

Valor, y adelante: ¿acaso merecemos vivir, si hemos de ser esclavos del crimen?