Recuerdo una anécdota bastante peculiar: estaba en quinto curso de la media, quizás como siempre: lamentándome por estar ahí, ya que considero que interrumpí mi educación para entrar en el colegio. Parecía un día más en el aula pero luego la profesora guía se acercó a nosotros y nos comunicó que el padre de un compañero había muerto. Tres a cuatro horas más tarde todos estábamos en los servicios fúnebres y de repente, así nomás, un grupo de compañeros le llevaron a este pobre desgraciado, al que se le murió el padre, a un lugar a divertirse y aliviar su dolor. Este hecho me llamó poderosamente la atención. No entendí el por qué mis camaradas de fiestas y estudios hicieron eso.
Pero hoy en día quizás tenga una respuesta: "en esta vida no se puede estar triste". La modernidad nos dice que no está bien. Las personas melancólicas y con aires tristones no tenemos más lugar en un mundo que tiende a la felicidad. Generalmente pasa con la tristeza y la alegría lo mismo que pasa con el bien y el mal.
Ya estoy cansado de escuchar que tenemos que alejarnos del mal, que está ahí para asecharnos y hacernos caer en sus redes. Pero por favor, no existe el mal como nos quieren vender. Friedrich Nietzsche decía que el mal y el bien fue un invento de los débiles para poder vivir con los fuertes, y que luego la Iglesia comercializó este paradigma moral. El mal es algo que tenemos que evitar, nos dicen. Debemos saber, sin embargo, que no existe el bien sin el mal y que la búsqueda de la Verdad está compuesta por ambas corrientes de signo opuesto que mueven el péndulo del Universo.
Me estoy desviando mucho del tema pero considero importante comprender la analogía que estoy haciendo. ¿Por qué la sociedad no quiere que estemos tristes? ¿Por qué todo tiene que ser positivo? Porque la tristeza es hija y madre de la reflexión o meditación. El hecho de pensar nos hace ver los problemas de las estructuras sociales y de la realidad en sí. Así es como surge el descontento en las personas, que si tienen alguna voluntad de cambio harán todo lo posible para transformar su entorno. Actitud que no conviene a sociedad alguna ni a los dogmas establecidos.
Paisano, por que piensa que hay tanta diversión, tantos libros de autoayuda y mensajes esperanzadores de futuros mejores. Pues bien, es la sociedad que oprime el pensamiento y la reflexión.
Haciendo un poco de sociología de la religión; un hecho que siempre destaco y que no puedo entender es como en Occidente se tiene pensamientos tan felices y prometedores. No me sorprendería si en Japón piensan de forma trágica, pues su religión es trágica. Pero aquí todos somos felices a pesar de tener una religión que lo primero que nos hace es destrozar el corazón. Quizás esto también se deba a la poca reflexión que impone el cristianismo a sus fieles.
Si una persona es inteligente, sensible y profunda, tendrá más chancees de encontrarse con la tristeza. Por eso nos venden la alegría, para no pensar, divertirnos para desviar la tragedia que es la vida. De ahí proviene el sentido original de la palabra diversión: apartar, desviar, llamar la atención hacia una cosa que no es la principal.
Escuche bien lo que le diré: la tristeza es la única actitud que podemos tomar los seres humanos ante un Universo que tiende al desencuentro y la desolación. Uno se ríe de los chistes, canta, baila, seduce a señoritas que revolotean sus escotes sin pudor alguno, pero todo eso hacemos para no pensar en que vamos a morirnos. Las diversiones o alegrías son tan solo un pequeño descanso en nuestro peregrinaje hacia la muerte, hacia la nada, hacia el olvido. No soy trágico nuestra realidad es trágica.
Tarde o temprano alguien le dirá que no vale la pena luchar contra la corriente. A lo que yo contesto: si vale la pena! sobre todo si se duda de aquellos que pusieron las reglas. Llore, reflexione, abandone su orgullo, humíllese, no nos queda otra. Los médicos le dirán que estar triste hace mal al riñón, los sacerdotes le recomendarán que vaya a la iglesia o a grupos de ayuda, las masas huirán de usted. Quizás Goethe tenía razón: en la soledad está la tristeza y en la tristeza la verdad.
Particularmente pienso que la alegría imperante es más que nada una alegría ingenua, como he puesto en mi reflexión anterior, lo fácil se impone a lo difícil, la mediocridad otra vez se refleja ante nuestros ojos. Si uno tiene una actitud positiva le parecerá que todo está bien, se encuentra conforme con su realidad. El negativista por otra parte tiene el espíritu del cambio, busca la solución. El positivo vendría hacer como el carbonero y su fe ciega sin fundamentos, cree porque es más fácil que pensar, el negativo sería el que dice: no tengo fe, pero la busco…
Debemos también saber que si consideramos a la vida una tristeza por nuestro destino final que es la muerte, ella es la que da el sentido al amor, a la amistad y a los hechos. Si nadie se muere no existirán cosas o hechos terminados. En el caso del amor este nos hace conocer lo que es el desencuentro, el rechazo y el engaño y de ahí es que nos gusta más leer un poema de un amor no correspondido que uno donde todo salió como el enamorado deseaba. La prosa perfecta se encuentra en el desamor. La muerte causante de la tragedia de vivir y del espíritu triste, da sentido a la vida.
Además es más que obvio que la tristeza es más fuerte que la alegría. Si se ganó un auto y se le muere la madre, como se sentirá usted ante dos noticias de signos opuestos. Schopenhauer tenia razón, el ser humano esta hecho para sufrir. Sufre desolación, rigores del trabajo, pestes, hambre y soporta una vida frustrada con muy pocos sueños cumplidos. Sufre, sufre y sufre hasta que un día se muere.
Personas más pesimistas que el que escribe piensan que la alegría en verdad no existe y la concepción de una dicha total es una utopía inimaginable. Aseguran que toda alegría además de ser pasajera es premonición de tristeza por algo que llamamos melancolía: ah que feliz que yo era de niño..., Rosana mi primera novia que linda relación… Fueron alegrías, ahora son tristezas por el paso descarado y prepotente del tiempo.
Por último le pido que no se me entristezca. No crea que soy una persona con problemas de autoestima o existenciales, nada que ver. Tengo amigos y familiares muy queridos, pero en general ellos comparten el mismo espíritu melancólico que impera en mí ser. En nuestras reuniones no lloramos ni gritamos desesperadamente por las tragedias de la vida. Todo lo contrario; reímos, cantamos canciones sucias, acudimos a bailongos indecentes y nos levantamos en lugares desconocidos, pero eso si, nunca nos olvidamos de nuestra desgracia final. No somos partícipes de una felicidad ingenua y siempre recordamos lo que nos espera cuando se termine este sueño, llevado quizás por un capricho de los Dioses, que es la vida.
Pero hoy en día quizás tenga una respuesta: "en esta vida no se puede estar triste". La modernidad nos dice que no está bien. Las personas melancólicas y con aires tristones no tenemos más lugar en un mundo que tiende a la felicidad. Generalmente pasa con la tristeza y la alegría lo mismo que pasa con el bien y el mal.
Ya estoy cansado de escuchar que tenemos que alejarnos del mal, que está ahí para asecharnos y hacernos caer en sus redes. Pero por favor, no existe el mal como nos quieren vender. Friedrich Nietzsche decía que el mal y el bien fue un invento de los débiles para poder vivir con los fuertes, y que luego la Iglesia comercializó este paradigma moral. El mal es algo que tenemos que evitar, nos dicen. Debemos saber, sin embargo, que no existe el bien sin el mal y que la búsqueda de la Verdad está compuesta por ambas corrientes de signo opuesto que mueven el péndulo del Universo.
Me estoy desviando mucho del tema pero considero importante comprender la analogía que estoy haciendo. ¿Por qué la sociedad no quiere que estemos tristes? ¿Por qué todo tiene que ser positivo? Porque la tristeza es hija y madre de la reflexión o meditación. El hecho de pensar nos hace ver los problemas de las estructuras sociales y de la realidad en sí. Así es como surge el descontento en las personas, que si tienen alguna voluntad de cambio harán todo lo posible para transformar su entorno. Actitud que no conviene a sociedad alguna ni a los dogmas establecidos.
Paisano, por que piensa que hay tanta diversión, tantos libros de autoayuda y mensajes esperanzadores de futuros mejores. Pues bien, es la sociedad que oprime el pensamiento y la reflexión.
Haciendo un poco de sociología de la religión; un hecho que siempre destaco y que no puedo entender es como en Occidente se tiene pensamientos tan felices y prometedores. No me sorprendería si en Japón piensan de forma trágica, pues su religión es trágica. Pero aquí todos somos felices a pesar de tener una religión que lo primero que nos hace es destrozar el corazón. Quizás esto también se deba a la poca reflexión que impone el cristianismo a sus fieles.
Si una persona es inteligente, sensible y profunda, tendrá más chancees de encontrarse con la tristeza. Por eso nos venden la alegría, para no pensar, divertirnos para desviar la tragedia que es la vida. De ahí proviene el sentido original de la palabra diversión: apartar, desviar, llamar la atención hacia una cosa que no es la principal.
Escuche bien lo que le diré: la tristeza es la única actitud que podemos tomar los seres humanos ante un Universo que tiende al desencuentro y la desolación. Uno se ríe de los chistes, canta, baila, seduce a señoritas que revolotean sus escotes sin pudor alguno, pero todo eso hacemos para no pensar en que vamos a morirnos. Las diversiones o alegrías son tan solo un pequeño descanso en nuestro peregrinaje hacia la muerte, hacia la nada, hacia el olvido. No soy trágico nuestra realidad es trágica.
Tarde o temprano alguien le dirá que no vale la pena luchar contra la corriente. A lo que yo contesto: si vale la pena! sobre todo si se duda de aquellos que pusieron las reglas. Llore, reflexione, abandone su orgullo, humíllese, no nos queda otra. Los médicos le dirán que estar triste hace mal al riñón, los sacerdotes le recomendarán que vaya a la iglesia o a grupos de ayuda, las masas huirán de usted. Quizás Goethe tenía razón: en la soledad está la tristeza y en la tristeza la verdad.
Particularmente pienso que la alegría imperante es más que nada una alegría ingenua, como he puesto en mi reflexión anterior, lo fácil se impone a lo difícil, la mediocridad otra vez se refleja ante nuestros ojos. Si uno tiene una actitud positiva le parecerá que todo está bien, se encuentra conforme con su realidad. El negativista por otra parte tiene el espíritu del cambio, busca la solución. El positivo vendría hacer como el carbonero y su fe ciega sin fundamentos, cree porque es más fácil que pensar, el negativo sería el que dice: no tengo fe, pero la busco…
Debemos también saber que si consideramos a la vida una tristeza por nuestro destino final que es la muerte, ella es la que da el sentido al amor, a la amistad y a los hechos. Si nadie se muere no existirán cosas o hechos terminados. En el caso del amor este nos hace conocer lo que es el desencuentro, el rechazo y el engaño y de ahí es que nos gusta más leer un poema de un amor no correspondido que uno donde todo salió como el enamorado deseaba. La prosa perfecta se encuentra en el desamor. La muerte causante de la tragedia de vivir y del espíritu triste, da sentido a la vida.
Además es más que obvio que la tristeza es más fuerte que la alegría. Si se ganó un auto y se le muere la madre, como se sentirá usted ante dos noticias de signos opuestos. Schopenhauer tenia razón, el ser humano esta hecho para sufrir. Sufre desolación, rigores del trabajo, pestes, hambre y soporta una vida frustrada con muy pocos sueños cumplidos. Sufre, sufre y sufre hasta que un día se muere.
Personas más pesimistas que el que escribe piensan que la alegría en verdad no existe y la concepción de una dicha total es una utopía inimaginable. Aseguran que toda alegría además de ser pasajera es premonición de tristeza por algo que llamamos melancolía: ah que feliz que yo era de niño..., Rosana mi primera novia que linda relación… Fueron alegrías, ahora son tristezas por el paso descarado y prepotente del tiempo.
Por último le pido que no se me entristezca. No crea que soy una persona con problemas de autoestima o existenciales, nada que ver. Tengo amigos y familiares muy queridos, pero en general ellos comparten el mismo espíritu melancólico que impera en mí ser. En nuestras reuniones no lloramos ni gritamos desesperadamente por las tragedias de la vida. Todo lo contrario; reímos, cantamos canciones sucias, acudimos a bailongos indecentes y nos levantamos en lugares desconocidos, pero eso si, nunca nos olvidamos de nuestra desgracia final. No somos partícipes de una felicidad ingenua y siempre recordamos lo que nos espera cuando se termine este sueño, llevado quizás por un capricho de los Dioses, que es la vida.
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