sábado, 13 de octubre de 2007

¿A DONDE SE VA EL TIEMPO?

La vez pasada me fui al colegio donde estuve más de doce años de mi vida y verdaderamente me sentí bastante mal. Muchos profesores que ya no están, lugares irreconocibles totalmente refaccionados y personajes nuevos que ocupan los mismos espacios por donde yo alguna vez estuve. La misma sensación extraña y melancólica siento cada vez que me voy al barrio donde me crié. Todo cambió pero lo mas triste fue darme cuenta cuanto he cambiado yo.

Regresar atrás, por lo menos para mi, no implica modificar las cosas. No soy de los que piensan que todo tiempo anterior fue mejor pero extraño vivir situaciones y emociones por las que he pasado anteriormente. El colegio, los amigos, el olor a sudor y tiza, la primera novia, los juegos de la infancia, el patio de la antigua casa…. Que no daría por regresar atrás y sentir lo que alguna vez sentí.

Los espíritus rectores, actualmente, nos dicen que no vale la pena pensar en el pasado: vivamos el presente, el progresismo y la felicidad parecen estar de moda en cuestiones de tiempo. No puedo entender a estos sujetos. Por esto he recibido burlas y críticas de todo tipo: conservador, sensible, llorón, débil, etc. Que me importa. Soy un ser humano no un animal. Yo no vegeto como los otros, yo vivo y les puedo asegurar que siento mental y físicamente el paso de los años. Sensible y llorón quizás sea, pero justo eso es lo que me convierten en un ser mas fuerte.

Usted pobre y santo lector que debe de soportar mis desordenadas e inútiles ideas exclamará: ¿Como vive el presente si constantemente piensa en el pasado? Efectivamente para responder a esta pregunta debo exponer cual es mi concepción del tiempo. Sería bueno entonces tomar esto como un problema y el interrogante aquí es como se desarrolla el tiempo.

El presente es el instante y es imposible sentirlo en un espacio de tiempo amplio, debido a su fugacidad, apenas pronunciemos una palabra cada letra formará parte del ayer, oscila entre el antes y el después. Con respecto al futuro este es incierto pero tiene una enorme dependencia al pasado. Lo único que nos queda, que se siente y se vive son las consecuencias de nuestros actos anteriores. El principio universal de “causa y efecto” nos revela el enorme poder de lo antiguo.

Esto se queda demostrado en el ser humano porque si bien vive en el ahora, piensa en el pasado y en el futuro, las tres cosas hace a la vez. Aclaremos que físicamente vivimos en el hoy pero nuestro pensamiento no. El hecho de querer saber que viene después de la muerte y tener, simultáneamente, sentimientos de regresar a tiempos anteriores, sea cual sea el fin, son muestra de nuestra condición llena de contradicciones.

Lastimosamente el regreso es imposible ya que los puntos de partida nunca fueron, ni serán, fijos. Todo cambia, todo se transforma, constantemente estamos en cambio y el cambio no es más que movimiento. El día que logremos parar la acción dejaremos de existir pues la propia combustión de la vida se detendrá. Universo, mundo, sociedad, tiempo, historia, ser humano, todo lo que vive, es decir que se manifiesta, puede reducirse a movimiento. La vida se basa en esto y esto produce la transformación de las cosas. El hombre así como los lugares se mueven, se transforman y cambian.

Todo esto me lleva a realizarme la siguiente pregunta: ¿A donde se va el tiempo? Verdaderamente no se, o mejor dicho, no quiero aceptar mi sospecha de solución a este drama existencial.

Creo que el ser humano debe empezar a resignarse ya que mis reflexiones como deducciones me hacen pensar que se termina en la nada. La casa de la infancia, los amigos de la niñez y juventud, el colegio, el patio querido y la primera novia ya no existen y por ende nunca regresarán. La realidad de lo humano nunca podrá adaptarse a la perversidad del Universo. Es curioso este hecho porque nuestra especie que se cree amo y señor de todo se encuentra en un juego fatal y tramposo que nos hace el destino.

Que terrible frustración me causa todo esto. Lo mejor, desde mi punto de vista, es quedarnos con el recuerdo; pensar en el pasado, añorarlo y soñarlo pero no intentar recuperarlo ya que terminaremos decepcionados y tristes. Se me viene a la cabeza historias de hombres que compraron sus casas de la infancia tratando de recuperar aquellos primeros años, para luego descubrir que el niño con las manos sucias como su hogar ya no volverán.

Déjeme aburrirle un poco más y decirle que mi máximo sueño es regresar al pasado. Los funcionarios del cielo no gastarán mucho por mí. Todo los días pienso en él y por las mañanas después de soñarlo, que junto con los libros son los únicos lugares donde puedo vivir mas de una vida y en diferentes tiempos, busco entre mi sábana algún pedazo de sueño que quizás por milagro se quedó por ahí.